
Imagen de la película Shelby Oaks de 2024.
La inquietante historia de los youtubers del canal Paranormal Paranoids que desaparecieron.
Hay miedos que nacen en la infancia y nunca terminan de desaparecer.
Sombras en los pasillos, ruidos que nadie más escucha, figuras que solo existen cuando se apaga la luz. Shelby Oaks parte precisamente de esa idea: ¿y si aquello que creímos imaginar cuando éramos niños nunca fue una fantasía?
La película nos presenta a Mia, una conocida creadora de contenido especializada en fenómenos paranormales. Acostumbrada a investigar casas encantadas y sucesos inexplicables, Mia vive rodeada de historias de terror… hasta que el horror deja de ser ajeno. La desaparición de su hermana Riley la empuja a investigar un caso que pronto se vuelve personal, perturbador y profundamente inquietante.
A medida que avanza la investigación, los recuerdos de la infancia comienzan a emerger. Un demonio imaginario. Una presencia constante. Una casa que parecía esconder algo más. Poco a poco, Shelby Oaks construye una sensación incómoda: la sospecha de que ese ser que Mia creía ficticio podría estar conectado no solo con la desaparición de su hermana, sino con otros sucesos oscuros ocurridos en su pasado.
Terror íntimo y psicológico
Lejos del susto fácil, Shelby Oaks apuesta por un terror psicológico y atmosférico, donde la tensión se filtra lentamente. La película juega con la duda, con la memoria y con la fragilidad de los recuerdos. ¿Qué es real? ¿Qué ha sido distorsionado por el miedo? ¿Y qué ocurre cuando la verdad resulta peor que cualquier pesadilla infantil?
El uso de elementos de found footage, de falso documental y de metraje encontrado refuerza esta sensación de realismo incómodo. Grabaciones, vídeos y fragmentos visuales convierten al espectador en testigo directo, casi cómplice, de los acontecimientos. No se trata solo de observar el horror, sino de sentir que estamos mirando algo que no deberíamos estar viendo.
El debut de Chris Stuckmann como director.
Shelby Oaks marca el debut como director y guionista de Chris Stuckmann, conocido durante años por su trabajo como crítico de cine y creador de contenido. Lejos de limitarse a un experimento, el proyecto logró financiarse mediante una campaña récord en Kickstarter, demostrando el respaldo de una comunidad que confiaba en su visión.
El salto de Stuckmann al largometraje se inscribe en una tendencia creciente de creadores digitales que deciden pasar al otro lado de la cámara, siguiendo caminos similares a los de otros nombres recientes del terror contemporáneo. En este caso, la apuesta es clara: una historia personal, oscura y contenida, donde la atmósfera pesa más que el espectáculo.
La sombra de Mike Flanagan
Como productor, Shelby Oaks cuenta con Mike Flanagan, uno de los grandes referentes actuales del terror. Su influencia se percibe en los temas que atraviesan la película: el trauma familiar, los recuerdos reprimidos y la idea de que el horror no surge de la nada, sino que se transmite, se hereda y se arrastra durante años.
Aunque Flanagan se haya alejado recientemente del género en otros proyectos, su presencia aquí refuerza el enfoque emocional y psicológico de la historia, alejándola del terror convencional.
Un reparto al servicio de la tensión
El papel de Mia recae en Camille Sullivan, cuya interpretación sostiene gran parte del peso emocional del relato. Su personaje se mueve constantemente entre la racionalidad y el miedo, entre la necesidad de respuestas y el terror a encontrarlas.
El reparto se completa con nombres como Sarah Durn, Brendan Sexton III, Michael Beach, Robin Bartlett, Keith David y Charlie Talbert, aportando solidez a un universo donde cada silencio, cada mirada y cada gesto contribuyen a aumentar la inquietud.
Una historia sobre el miedo que permanece
Shelby Oaks no es solo una película sobre desapariciones o entidades sobrenaturales. Es una historia sobre el miedo que se queda, sobre aquello que intentamos olvidar y regresa cuando menos lo esperamos. Un recordatorio de que algunas casas nunca se vacían del todo, y de que ciertos horrores no viven en la oscuridad… sino en la mente.
La película llegará próximamente a los cines de Latinoamérica, dispuesta a poner a prueba la memoria, la percepción y los miedos más profundos del espectador.
La pregunta es inevitable:
¿estamos realmente preparados para enfrentarnos a los fantasmas de nuestra infancia?
Opinión personal
Desde una perspectiva personal, Shelby Oaks es una película muy recomendable para quienes disfrutan del terror que se construye poco a poco, sin necesidad de recurrir al sobresalto constante. La tensión se siente en cada minuto de metraje, en cada plano y en cada silencio, generando una atmósfera inquietante que no da tregua.
En este sentido, resulta inevitable recordar a Hell House LLC, una película que también apostaba por una progresión lenta y una sensación de amenaza permanente. Al igual que en aquel filme, en Shelby Oaks el miedo no surge de lo que se muestra directamente, sino de lo que se sugiere, de lo que permanece fuera de plano y de la constante duda sobre lo que es real y lo que no.
Es precisamente esa incomodidad sostenida, ese terror que se filtra poco a poco, lo que convierte a Shelby Oaks en una propuesta especialmente atractiva para los amantes del found footage y del horror psicológico. Una película que no busca agradar a todo el mundo, pero que deja huella en quienes conectan con este tipo de experiencias.
